“Visiones de Asia”, de Vasili Golovánov

Автор текста:

Franco Chiaravalloti

Место издания:

Revista de Letras 27.10.10

                        

Visiones de Asia. Vasili Golovánov
Traducción de Ricardo San Vicente
Minúscula (Barcelona, 2010)


Vista en el mapa, Europa no es más que una península de Asia. Tímida protuberancia que brota de una descomunal masa de llanuras, estepa, taiga y cordilleras. De este lado de los Urales, la magnificencia del gran continente siempre nos ha causado exactas dosis de fascinación e incógnita. Deseamos horadarla, hundirnos en sus entrañas con el mismo ardor que hace miles de años. Pero la cortina Ural es algo más que una mera divisoria de aguas. En estas latitudes rige la lógica. En aquella, los sentidos. Aquí nos moldeó el racionalismo. Allí, la intuición. Reconciliar dos cosmovisiones tan disímiles ha sido empresa perdida incluso para los dos conquistadores más grandes de la historia: Alejandro y su sueño del eurasismo, fagocitado por el hechizo del que fuera víctima cuando penetró en las tripas de la estepa; y Gengis Khan y sus ansias de forjar un imperio blanco y amarillo, aunque al final regresó a casa sin explicación aparente, cuando estaba en la cúspide de su afán totalizador.

Quién mejor que un ruso para que nos hable de esa dualidad. La gran Rusia, ávida de tierras y recursos naturales, consiguió en la última centuria lo que ni Alejandro ni Gengis Khan pudieron: extenderse hasta los confines del globo a fuerza de hierro caliente y voracidad por el carbón. Así sometieron pueblos, aniquilaron culturas, aplicaron el rasero a todo lo que se cruzara en el camino del Ejército Rojo. ¿Pero realmente sometieron e igualaron? ¿Fueron los rusos capaces de explorar la médula de la concepción asiática? ¿Es Rusia un ejemplo de aquel eurasismo alejandrino? Vasili Golovánov busca responderse a estas cuestiones con Visiones de Asia, un enfoque curioso y sencillo, pero no menos revelador, sobre este “síndrome de los Montes Urales”.

Visiones de Asia se compone de dos relatos. El primero, Visión de Asia, es un compendio –a mitad de camino entre la crónica de viajes y el ensayo– de varias narraciones sobre los sucesos experimentados por cinco viajeros rusos, encargados de preparar un itinerario turístico por la República de Tuvá a un grupo de jubilados norteamericanos ávidos de experiencias chamánicas. El segundo relato se titula Las conversiones de Alejandro, sucinta reflexión sobre la inmensa figura del macedonio eterno, y cómo alguien tan poderoso, viril, soberbio estratega, también sucumbió a los influjos de la vieja Asia.

Como una “última Thule”, la República de Tuvá reclama ser el exacto centro geográfico de Asia. Y ergo, del mundo. Entidad cuasi independiente de la Federación Rusa, allí el chamanismo es aún moneda corriente, los fenómenos naturales se siguen explicando con saberes ancestrales y el concepto de espiritualidad no se circunscribe a una ceremonia, sino que invade cualquier actividad cotidiana. En búsqueda de chamanes nómadas que se dejen entrevistar, el narrador reflexiona sobre la cosmovisión griega de Alejandro cuando trató de alcanzar estas tierras, donde “se había dado cuerda a la historia de la humanidad”. Desde Tuvá partieron los pueblos que los europeos llamaron “bárbaros”: Gengis Khan y sus huestes llegaron a los límites de su mundo conocido, pero de pronto y sin causa aparente se replegaron y volvieron al terruño del cual habían partido, sin haber construido ciudades ni esparcido su acervo cultural. Cientos de años después, en plena expansión nazi y comunista, la mítica tierra de Shambala (o Shangri-la) estuvo en el punto de mira del barón von Ungern, un curioso y a la vez cruel personaje de origen ruso-alemán, dispuesto a emular las hazañas del antiguo Khan para crear un imperio inexpugnable en Asia Central. Su acción y sus tropas se vieron legitimadas cuando fue declarado “dios de la guerra” por una chamana tuvina. Pero la voracidad de von Ungern también acabó feneciendo ante tanta magnificencia, ante tanto paisaje natural y humano. La lección es clara: nunca se podrá conquistar Asia enarbolando una cosmogonía europea.

¿Y qué decir de Alejandro? Las ocupaciones emprendidas miles de años atrás por el Magno borraron de un plumazo el concepto de inexpugnabilidad de Asia. Por primera vez en la historia la puerta era abierta. En un mundo sin mapas, sin límites precisos, llegar tan lejos significaba haber conquistado el mundo entero. Eso sintió Alejandro cuando alcanzó la ribera del mar Caspio. Ante sus ojos y los de sus huestes se desvelaba Asia, la inasible, una multiplicación de paisajes, de pueblos, puentes, ciudades y riadas. Demasiada realidad en comparación a la pequeñez mediterránea. Llegar tan lejos fue un punto de no retorno a su Grecia, él debía continuar hasta hallar el borde del mundo y cristalizar así la idea de haberlo conquistado. Deseó Asia tanto como le temió, por eso se quedó en las puertas de su triunfo definitivo. Una vez llegado a lo que creyó el límite, fue consciente de que lo perdido era más que lo ganado: tras años de campaña, sus tropas adoptaron las costumbres de los pueblos conquistados. Y él también. Asia no ataca con artillería pesada, sino que recita suaves poemas al oído hasta hipnotizar. Alejandro fue el primer occidental en comprobarlo. Y de esa forma, un imperio que había llegado hasta la misma India, tras la muerte de Alejandro se desvaneció de un soplido.

Visiones de Asia es una atractiva reflexión sobre la reluctancia de dos universos enfrentados. Fusionar dioses, combinar culturas, parece estar condenado a ser una viaje sin puerto de llegada. Así construimos lo que hoy, una alquimia superflua, sólo conciliada en la epidermis. Pero las vísceras de uno y otro mundo siguen siendo, hasta nuestros días, dos entidades irreconciliables.

Vassili Golovanov

Sobre el autor

Vasili Golovánov es un escritor y periodista moscovita nacido en 1960. Se define a sí mismo como “geógrafo metafísico”. Colabora en diversas revistas, entre las que destacan Vokrug Sveta o Stolitsa. Galardonado con el premio Laure Bataillon por la obra Éloge des voyages insensés ou L’île y finalista del Cévennes, se ha consolidado como una de las voces más destacadas y originales de la literatura rusa contemporánea.

Sobre la edición

Minúscula es una editorial barcelonesa cuyas breves dimensiones se condicen con su nombre, aunque su acertado criterio de selección y su empeño en forjar una personalidad sin rimbombancias le han dotado de un espacio reconocible en el panorama actual. A pesar de que varias de su obras adolecen de ciertas erratas tipográficas (algo que si cuidara con más tino sus ediciones rayarían lo perfecto), Minúscula pone el acento en aquellas voces no tan atendidas por estos lares, como literatura en lengua alemana del siglo XX que no ha tenido una merecida difusión –a través de la colección Alexanderplatz–. O bien relatos que proporcionan nuevas perspectivas espacio-temporales y se desarrollan en territorios evocadores, inexplorados o incluso inexistentes –con su colección Paisajes narrado, de la que forma parte Visiones de Asia–. De esta colección destacan, además, Guía de Mongolia, de Svetislav Basara, y Capri, de Alberto Savinio.

 

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08.04.12